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Mejor con azul

Mejor con azul, no quiero escribir con bolígrafo negro. Enciendo un palo santo, me cebo un mate con flores, escucho 639 Hz y menstrúo. Siento como mi sangre fluye, me rindo por el día de ayer y anteayer que fue uno solo. Hay días que se funden en uno, hay meses que se perciben días e instantes que parecen eternos. El tiempo es como la sangre que mancha todo a su paso. Ordeno un poco la mesa en la que estoy escribiendo y reservo un espacio vacío para que mi gato lo ocupe, si tiene ganas. La cantidad de veces que dejé un espacio vacío esperando que alguien venga a ocuparlo, con la ilusión de que alguien venga a ocuparlo, si tuviese ganas. Muchas veces, me quedé esperando y otras veces el espacio vacío me fue arrebatado y me dejó sin ganas de reservar ningún espacio para la siguiente vez. Más bien, llenaba mi mesa de cosas para que no entre nada ni nadie. Cualquiera diría que esa podría ser la receta perfecta para taclear al destino… Hay un vientito afuera, lo sé porque se mueven las hojas de los árboles. El árbol de acá al lado esta poniéndose verde, estuvo deshojado tantos meses que al mirarlo me daba pena. Me daba pena, ¡qué ilusa soy!. Soy ilusa, alergiosa, nariz con mocos, soy espalda dolorienta, ovario enquistado; soy malhumor hormonal, disco rallado, excusa andante, últimamente me cansa mi yo sin receta y mi gato que quiere salir… pobre gato que quiere salir. Veo que huele desde adentro a un bicho que está afuera y eso me hace sentir una basura. Lo tengo encerrado, preso tras el cristal que no deja oler, una tortura china, pobre gato. Horas mirando fijo a ese bicho sin olor. Ojalá pueda ser tan solo un segundo como él, pueda observar en paz tras el cristal, tan solo mirar. No te digo una hora, un ratito, algo! Quiero que Lore venga a casa para seguir hablando de nuestro plan, algo me dice que tenemos que contratar a alguien para que haga el trabajo caca, yo me hago la autodidacta y en verdad pospongo tanto la tarea que es obvio que no la quiero hacer, que no la sé hacer, que necesito a alguien que me enseñe. Sé que el trabajo caca no se puede evitar, lo que si se puede evitar es hacer algo diferente si quiero un resultado diferente, Dios, no es tan difícil. Ahora si, el gato maúlla y me mira. Entre nosotros eso quiere decir que le abra la puerta. Accedo, no sin antes ponerle su arnés. Sale al sol a tomar aire, busca al bicho con su hocico feliz, huele a la plantita verde y a la amarilla no le da bola. Husmea, se distrae con una ramita, se friega a la madera caliente…Me vuelvo a sentar a la sombra y noto que me queda por escribir media página y otra más, qué embole! Por lo menos tengo claro que hay que pedir ayuda con las tareas que no quiero ni sé hacer, que tengo que aprender que después del entusiasmo viene el no-entusiasmo y vuelta a empezar. Es de manual, es la receta más obvia... Aceptar, mirar a través del cristal cuando la puerta está cerrada y cuando está abierta salir a tomar aire. Es una receta que se ve como bicho a punto de morir en la boca de un gato con arnés, se siente como menstruar con pastilla rosa y huele a días malditos, a “esos días malditos” y vuelta a empezar. Es que es de manual, es la receta más obvia…


Foto: Santiago Epstein


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